Nosotros

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"...cabalgaras solo hacia la carcajada perfecta..."
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martes, enero 21, 2014

Primeros Pasos en Peru: Cusco, El corazon del Mundo.



Welcome to PEru! Anuncia un letrero gigante detrás de la Marca Perú, a pocos metros de la frontera Peruano-Boliviana. Después de una muy grata estadía en Bolivia, nos decidimos a seguir cruzando fronteras. EN principio íbamos a ir a Puno. Como toda ciudad fronteriza, es muy concurrida y cosmopolita. Mucha gente que va y viene para ambos lados de la frontera. Llegamos de noche para variar, con poca plata y algo de sueño. EN el camino la gente nos decía que lo más interesante es a Isla de Los Uros, y que es muy cara. Nosotros en el apuro y la ignorancia decidimos seguir viaje (cosa que nos queda pendiente Puno). Nos decidimos a huir prácticamente hacia Cusco. Y así lo hicimos. 2120 hs. El micro que nos teníamos que tomar salía 2130 y nosotros sin pasajes, ni moneda local en una terminal que desbordaba de gente y bolsos por todos lados.. Romi se quedó con los bolsos y yo a las corridas por la terminal. Íbamos junto a un amigo chileno, Luis, con el que compartimos las últimas horas en Copacabana. Un poco de amabilidad Un poco de empujones y un poco de suerte llegamos a una boletería. Quedaban dos lugares: el asiente 8 y el 53. Dudo. La operadora me apura. Faltan 5 minutos para que salga el Bondi. Bueno le digo, dale. Compro los pasajes, y ahora que lo pienso quizás los tendría que haber dejado. En fin. Con los pasjes en la mano, las mochilas en la espalda, corremos buscando la plataforma.
Una vez dentro del micro, comenzamos con las tratativas para ver que alma caritativa nos cambiaba su asiento para que con Romi viajáramos sentados juntos. Probamos con el pasajero del asiento 7. Y no hubo chances dijo que estaba bien ahí, que no quería moverse. Nos quedaba una chance, el 52. Era al fondo del Bondi. Una peruana de unos 15 años. Medio tímida acepta mi invitación de cambiarse de asiento. Cambiamos pasajes. Nos acomodamos y respiramos hondo. 

El descanso duro poco. Al rato comenzamos a escuchar un griterío. Una vieja subió al micro y a los cachetazos le gritaba a nuestra amiga peruana que se baje. Con el correr de los gritos y el aumento del volumen, se sumó a la discusión la policía y la vendedora de boletos. Todos preguntándole a la piba la edad, porque se iba, pidiéndole documentos. Y encima tenía un pasaje que decía “RAUL GONZALEZ DUBOX”. ME acerco hasta la chica que me dice que no se quiere bajar, que es la tía y la maltrata. Con algunos más que estábamos ahí empezamos a gritar Abusiva, Violenta. Las mujeres se solidarizaron con la quinceañera y comenzaron a decirle a la vieja que se baje. Así entre manotazos y cachetazos, la policía bajo a la señora del micro, y todos volvimos a nuestros lugares. Nuestra amiga viajo en el bus. Hacía calor y faltaban 10 hs para llegar a Cusco. Estábamos apretados en la última fila del micro. Apretados. Pero nos sacaba una sonrisa saber que estábamos viajando al corazón del mundo.

Al rato, a las 6 de la mañana estábamos entrando a la terminal. El frio de la altura se sentía, pero el sol recién nacido reconfortaba. Adentro de la terminal no importaba la hora tan temprana de la mañana, el movimiento que encontrábamos acusaba que esta ciudad duerme poco. Esquivamos a los jaladores de hostels y transfer para salir rápido a la calle. Cruzamos las vías del tren y nos subimos al primer transporte público que encontramos. Una combi parecida a las que veníamos frecuentando en Bolivia. Para variar una excelente forma de conocer a la gente, lleno al trabajo, a estudiar. Una abuela nos muestra una estatua muy alta que se encuentra entrando a la ciudad: El inca Pachacutec, nos recibe. Y otro abuelo nos cuenta que somos todos hermanos porque antes todo era parte del Perú. Preguntamos cómo llegar a la plaza de armas, y nos indicaron que bajemos en el mercado San Pedro ¡¡Parada Chofer!!
 
Los ojos se nos agrandan cada vez más. A cada esquina construcciones Incas, de la más fina elaboración. Su arquitectura se deja ver en la base de la mayoría de los edificios coloniales. Arquitectura que ha soportado los terremotos más fuertes de los últimos siglos. Ahí sigue en pie, como un recuerdo, llamando la atención al viajero desatento. Nuestro desayuno no se quería hacer esperar más. Algunos cafés recién comenzaban a baldear las veredas. Al que madruga dos lo ayuda. Nos regalaron agua caliente para los mates y unas facturas. Con semejante botín caminamos hacia la plaza de armas de Cusco, que nos esperaba a la vuelta de la esquina. Aun no eran las 7 de la mañana. Era la primera vez que la íbamos a ver, más allá de las fotos y folletos. Y ahí estaba, en todo su esplendor. Con sus canteros llenos de Flores, flanqueada por iglesias de un exquisito barraco, que no alcanza a tapar la herencia inca. Con su fuente a borbotones. Con Saqsaywaman vigilando. El cielo diáfano y la catedral anunciando las siete con sus campanas. Nosotros elegimos en silencio un banco de plaza. Casi ritualmente, bajamos las mochilas. Preparamos el mate. EL vaporcito busca ser nube allá arriba. Nosotros, acá abajo, estamos bárbaro.

 

jueves, enero 16, 2014

Chacras Planetarios: El agua del Titi CAca y sus MOralejas.

 
Parecia una imagen salida de la serie de teleision "El Zorro": Los Frailes caminando por la calle. Algun nativo vendiendo con su carrito de verdura. Otros cargango bultos en sus espaldas. los pies arrastrando las sandalias por la calle de tierra. La plaza. Sino fuera por el ruido del motor de algun bus, o algunos turista hablando en ingles hubiera sido facil sentirse dentro de las historias que de chico veia mientras comia antes de ir a la escuela. Copacabana, a orrillas del lago mas alto del mundo, se levanta con un glamour y sencillez que asombra. El centro de peregrinaje de la colonia española mas antiguos de america del sur, recive a gente de todo el mundo durante todo el año. Sus calles siguen siendo angostas, su transito sigue siendo poco. Durante las noches las luces son pocas, dandole un clima que esta ahi entre el misterio y la magia.

Copacabana es la ciudad mas grande a las orillas del lago Titicaca. Literalmente se encuentra a las orillas. Las playas de copacabana, son las mas altas del mundo, y a pesar de que su agua sea bastante fria vale la pena pegarse un chapuzon. Uno de los principales atractivos de la ciudad es la Basilica de la Virgen de Copacavana. Es interesante la historia de la ciudad. Antiguamente en estas partes del mundo se veneraba a una diosa del mundo andino llamada KopaQawana. Cuando la describen, hacen referencia a una diosa vinculada a la fertilidad de la tierra, de los camelidos y de las mujeres. No se si de la fertilidad, pero que es una ciudad afrodiciaca seguro. Con sus cantinas y mesas y sombrillas a la sombra de los cerros y con la vista del lago, es imposible no querer compartir una botella de vino. Ademas otro dato interesantemente afrodisiaco: El lago Titi Caca esta considerado un chacra planetario. Asi como el ceurpo tiene sus chacras, el planeta tambien. Y el lago se identifica con el segundo chacra, que es el chacra que esta asociado al agua, al placer y a la sexualidad. ¿Sera Coincidencia que los antiguos tiwanacotas nombraran a este lago como una diosa de la fertilidad, y que en la actualidad se lo asocie a dicho chacra?

Nos agarro esa lluvia de verano que te alegra el dia. o habia ningun problema en caminar abajo de la lluvia. HAbiamos dejado los bolsos en un locutorio mientras buscabamos algun lugar donde pasar la noche. Como siempre alejandonos de la plaza pricipal, empezamos a escuchar que una vecina recivia mochileros en su casa. Asi que alli fuimos. Maribel, tenia una casa de unas tres plantas para ella sola. Que mejor que recivir gente de distintos lugares del mundo para poder llear la soledad altiplanica. Alli fuimos. Luego de una caminata con una pendiente bastante pronunciada, arribamos a nuestro nuevo hogar. Alli para sorpresa nuestra nos enocntramos con casi todos argentinos. Entablamos unas cuantas charlas acerca de todo un poco, mientras el agua para los mates se calentaba. Cuestion que se nos paso la noche hablando de educacion, politica y america latina. Mientras afuera llovia. Truenos. Nosotros, bolsa de dormir, tomando notas y abrigandonos para pasar la noche que se venia fria.

Al dia siguiente nos tocaba la isla del sol. A una hora de lancha se encuentra una pequeña isla en medio del lago titi caca. La isla es tan pequeña que ni siquiera tiene autos ni buses. Para ir de una punta a la otra, o vas en bote o caminando. Las dos tienen su atractivo. El Bote te permite ver las imponentes ruinas incaicas que cuelgan de los acantilados de la isla. EN cambio la caminata te permite descubrir a cada paso el impactante camino del inca que cosntruyeron hace varios siglos atras y sigue intacto. 
NOsotros elegimos la caminata. Es impactante. Las escaleras. Los canales de desague. la pendiente que tiene el camino. TOdo esta hecho con un conocimiento y una tecnica precisa. A mas de uno le gusta ver en estas caracteristicas, la clara evidencia de un cantacto con extraterretres. En mi humilde opinion, aquellos artesanos y arquitectos, sabian cosas que nosotros desconocemos, ademas de tener una paciencia infinita. Dicho camino tiene un trayecto de 8 kilometros. Cargados con carpa y mochola nos demoramos unas 3 horas en realizarlo. Con paradas intermedias, para tomar aire, tomar agua y apreciar el paisaje, con todas las aves, losa arboles y el ruido del agua rompiendo a lo lejos contra los limites de la isla.

NUestro primer destino es una pequeña playa que se llama Chaya. Sabiamos que es medio dificil llegar y que por eso hay muy poca gente. Y no nos mintieron. Chaya se encuentra en medio de una bahi algo perdida. Solo se llega o en bote o por un desvio del camino algo empinado y peligroso. Alli nos esperaba Eleodora, una pobladora de la isla que cuida la escuela cuando no hay clases. Nos preparo el agua caliente mientras armabamos la carpa en frente de su casa. La playa. El lago. El cielo. No tardaron en aparecer millones de estrellas. MIentras tanto nosotros encendiamos la fogata y nos dispusimos a charlar largar y tendido, mientras la noche se hacia cada vez mas oscura y profunda. Al rato nos metimos en la carpa. Ya el frio acechaba y la lluvia tambien. Una hermosa experiencia. Dormir en el Lago Titi CAca con lluvia en carpa. HAy cosas que el dinero no puede comprar.

LA mañana sigueinte nos encontro caminadno hacia la zona mas poblada de la isla. CHAllapampa. Es el centro. Aqui hay algunos restaurantes, algunos hostels y los embarcaderos de los botes y barcos. Temporada alta se encuentran muchos turistas. Comparada con la playa anterior donde estabamos nosotros solos, Challapampa parecia la Bristol de Mar del Plata. Mucha gente. Nuevamente nos llamo mucho la atencion (para bien) que no hay autos. NI siquiera hay lineas de electricidad colgando por la calle. Durante la noche, el alumbrado de las calles se da solo por los focos de las entradas de algunas de las casas de los pobladores de la isla. Es un viaje en el tiempo. Cuando llueve caminar por esas calles oscuras y frescas obliga a busacr refugio en alguno de los comedores, que quizas con suerte te recivan con velas porque el equipo electrogeno esta roto. Ahi tepides una sopa de quinoa y chuno con trucha a la parrilla.

NUestra estadia en la isla culmino con una escapada hasta el limite norte de la isla. Dejamos nuestras mochilas grandes y nos escapamos con el mate al extremo norte de la isla. Alli nos esperaban ruinas incaicas monumentales. Cuentan los arqueologos, que los incas fueron a buscar maestros de arquitectura en piedra, entre los constructores Tiwanacotas, cultura anterior a la incaica que se asento todo a lo largo de las orillas del lago Titi caca. Es imposible caminar por aqui y no pensar en aquel pasado y sus hombre y mujeres y familias, que lograron levantar templos, caminos y ciudad de piedra, donde en la actualidad la gente dificilmente consigue alimento o donde mas de un turista se desanima a caminar porque el sol esta "fuerte". Llegamos al norte de la isla. Nos sentamos. Nos abrazamos y alli dejamos que el sol se vaya entre violetas naranjas y turquesas. Entre mates y lindos recuerdos.




jueves, octubre 24, 2013

Noches Oscuras y Casas Blancas a orillas del Salar mas grande del mndo.





Nos bajamos de la caja de la camioneta en la vieja terminal de Potosi, pegada al cementerio. Algunos 
podrían decir mal augurio. Arrancar un viaje desde el cementerio no sera muy alentador pero allí nos esperaba nuestro transporte. Los buses que unen Uyuni con Potosi son pequeños pero ágiles.  Los típicos micros que llevan los bolsos en el techo: Cortos y altos, parecidos a los micros que recorren en las películas, las calles de medio oriente. Que se parecen por que son los mismos. China fue  el proveedor de unos y de otros. Después de la segunda guerra Peru fue el país de latinoamerica que mas hijos del sol naciente recibió. Con ellos llegaron oleadas de sus productos a latinoamerica. Y estos micros a pesar de parecer precarios, son sin dudas los ideales para recorrer los caminos de tierra que unen las distintas localidades de Boliva. Ahí estábamos, sentados con nuestras mochilas que no tenían nada que envidiarles a los sacos gigantes que cargaban las cholas repletos de chucherías, la versión andina del mochilero. Nos preguntaban interesadas cuanto cargaban nuestras mochilas.

Recorrimos las calles de Uyuni que comparadas con las pintorescas y coloniales calles de Potosi, nos resultaron algo aburridas y apagadas. Uyuni es un pueblo que creció de golpe en los últimos 20 años, con el boom turístico que causa el salar. Por eso se puede ver que la mayoría de sus casas y edificios son de hormigón armado y ladrillos. No se encuentra mucha casa de adobe ni de arquitectura colonial. Como la mayoría de las ciudades bolivianas, Uyuni tiene varios mercados, algunos se arman en cuestión de minutos en las calles mas transcurridas del pueblo, otros permanecen siempre armados y abiertos en lugares designados. Y otros, a mi gusto los mas curiosos, se arman cuando los campesinos bajan de los cerros a ofrecer el producto de sus manos, muchas veces en transacciones que se asemejan a una especie de trueque, pero siempre regateando de maneras muy diplomáticas y hasta poéticas. En estos mercados, si se impresionan un poco mas de encontrarse a extranjeros. Pero esa impresión enseguida se borra cuando escuchan que uno esta buscando olluquito o quinoa. En seguida una sonrisa y un apuro por atendernos. Otra particularidad de Uyuni, es que a pesar de estar en la altura, y de parecer aislado del mundo, este pueblo, es una estación del tren que une Villazon-Uyuni. La estación de tren de Uyuni, con los Ojos un poco entrecerrados y olvidando las montañas de fondo, se parece un poco a los galpones de Nuestra querida Tolosa. Ademas los coches son los mismos que circulan por las vías del ex-Roca.

Tomamos mate, recorrimos las ferias, nos sentamos en un banco a seguir tomando mate y ver pasar a las cholas con sus fardos encima, que enseguida se convierten en puestos de feria. A los gringos fascinados sacando fotos a las nenas vestidas con sus ropas tradicionales, posando tímidamente para los insolentes flashes de las cámaras. Los nenes corriéndose con bombitas y pistolas de agua. Y nosotros con la cara quemada y el corazón contento vemos irse un día mas. El atardecer llego con todo el frió de la noche y se levanto un viento que no nos esperábamos. Buscamos un lugar para refugiarnos, y el único lugar con techo y publico era la iglesia. Allí fuimos a ampararnos de las inclemencias del clima andino, hasta que llegue la hora de salir. Cuanto hacia que no entraba a una misa de domingo!!!! Había olvidado esa sensación de hogar que se tiene dentro de las parroquias pequeñas. Veníamos recorriendo grandes catedrales e iglesias de piedra, altas y frías, pero la parroquia donde los chicos juegan en la puerta, las señoras se juntan a charlar y el cura llega en bicicleta, se parecen mas a un club de barrio que a la casa de dios. Sera porque nos acostumbramos a que Dios vive en lugares como el vaticano lleno de oro? Que se yo. Lo importante es que allí, con una calidez que invita a sentarse y sacarse el sombrero, nos encontramos una homilía donde el párroco hablaba pausada y fervorosamente y detrás de el se desplegaba un colorido mural. No había un crucifijo grande recordando el  martirio de Jesús. Había un mural. UN Mural de una marcha popular, donde Jesús venia a la cabeza de un grupo de campesinos, indígenas, mujeres y niños, que traían pancartas alusivas a las desigualdades, la represión policial, la trata de personas, los desaparecidos y la democracia. Ese es el Jesús que queremos!
 

En Uyuni a uno lo bombardean de propuestas de excursión por el salar. Muchas veces aprovechándose de la comodidad y la desinformación del Viajero promedio, ofrecen precios exorbitantes por una salida que tranquilamente puede resolver uno mismo con un poco de dinero y muchas ganas. Sabíamos que el acceso al salar, se encuentra en la localidad de Colchani, un pueblito a la orilla de la ruta que une Uyuni-Potosi. Por solo 5 soles uno puede hacer ese recorrido. El único inconveniente es que el viaje se hace por la noche. Una ves mas llegamos a un nuevo lugar de noche. Imagínense la escena: Ruta. Luces perdidas en una oscuridad absoluta. El motor del Micro encendido atendiéndonos. Baja el ayudante del chofer con nosotros, nos da los bolsos y su numero de teléfono por las dudas... El bus pone marcha y sus luces coloradas y su murmullo cada vez se hacia mas imperceptible en la soledad de la noche. Silencio. Ladridos de perro en algún lugar. En una amplia esquina que se formaba entre algo que parecida una calle de tierra y la ruta, una pequeña casita hacia de almacén y comedor. dentro una familia comía a la luz de un farol de noche de noche y escuchaba la radio. Se sorprendieron al vernos con nuestras mochilas. Los chicos se reían. Buscábamos un lugar para armar la carpa. Nos dieron unas indicaciones que seguimos al pie de la letra.



A pesar de la oscuridad y que nos costaba distinguir donde terminaba la calle y empezaba el terreno de las casas, recorrimos el pueblo de Colchani. Nada nos hacia pensar que alli habitaba gente alguna. Las casa daban la impresión de estar abandonadas. No veíamos ni perros, ni autos. de pronto por las rendijas de una puerta se escapaban unos rayos de luz. Supusimos que habría gente. Ni lo dudamos entramos. Nos encontramos con un grupo e gringos cenando. Le pedimos lugar para armar la carpa a quien parecía la dueña del lugar. Dijo que carpa no pero que nos ofrecía una habitación por una módica suma que no podíamos pagar. Nos recomendó que le preguntemos a la vecina. Alli fuimos. Doña Elvira, nos recibio con los brazos abiertos y sin dudarlo, nos ofreció un lugar del terreno para levantar la carpa. Nos conto que en general no dan hospedaje, porque solo se dedican a recibir a los tours que salen de Uyuni, para el salar. Prácticamente nadie viaja a colchani. Una lastima, interesante lugar par recorrer y conocer.

La luna nos encontró en una casa de sal. Si, si, como escucharon, una casa construida íntegramente de sal. Salvo por los listones de madera que le dan forma a los marcos de las ventanas y las puertas, y sostienen el precario techo de paja, el resto de la edificación consiste en bloques de sal, unos sobre otros. No es para nada raro, que en el salar más grande del mundo, los vecinos construyan con el recurso natural que tienen más cerca: la sal. A horas de distancia de las localidades mas populosas de donde traer materiales, el albañil de Colchani ha sabido resolver el tema de su vivienda con sal. Y estas paredes de sal, nos resguardan del frió que esta haciendo por estos lados del mundo a estas horas de la noche. Tomando algo calentito, sentados en puyos que cubren nuestro banco de sal y nuestra mesa de sal, nos dedicamos a repasar el viaje y a prepararnos para dormir. Mientras a nuestro lado dos parejas de australianos juegan a algo parecido al poker, que claramente, no es ni la mitad de divertido que un trucazo a los gritos, guiñando el ojo y pegándose con baba el ancho a la frente.


domingo, octubre 20, 2013

De naufragos y de viajeros todos tenemos un poco

 
Seguro les resultara conocida la historia del naufrago. Aquel personaje que Tom Hanks supo inmrtalizar cn su famoso grito de "wilsooooonn!". Muchos viajeros (y no tanto tambien) se habran estremecid con los periplos que tuvo que atravesar para retornar a su casa. PEro seguro habran sido pocos lo que se han sentid identificado con escena como aquella en que prefiere dormir en el suelo, enlugar de la cama. La razon algo sencilla aunque dificil de entender: Habia descubierto la comodidad del sueño en las rocas y la arena, y lo prefería frente al mullido sommier.

Menos conocida e infinitamente mas real, es la historia de  Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, aventura que fue cristalizada en libro que, paradojicamente se titula "Naufragios". Los conocedores de la histria argentina sabran que este hombre es el descubridor de las Cataratas del Iguazu. Pero esa es otra historia. "NAufragios" relata siete años de andanzas por la America de la conquista, tras un funesto naufragio en las costas de Florida. Dn Alvar, se habia embarcado en una supuesta misión "divina": Sumar tierras al reino del Señor Nuestro Dios. Gracias a dios (sic) tras los naufragios, se cayeron las excusas pr el suelo, y Cabeza de Vaca, advirtio los motivos avaros y fraudulentos de titulos, riquezas y poder que aquellas empresas suponian en realidad. Desafortunadamente para los hombres del rey, la marea no solo dejo en ruinas el barco, sino tambien toda huella de autoridad y jerarquia. Ahora, en el nuevo mundo, sobrevivir no era cuestion de obdecer y ordenar, sino de cooperar y aprender. Alvar, lo supo desde un principio, asi como los hombres que lo siguieron. Los demas pereciern.

Alvar aprovechando sus conocimientos de medicina, para ganarse la fama de Chaman.
De esta forma comenzo un viaje desde la costa este de Estados Unidos hasta las colonales españoles del desparramadas por el mar caribe, lugar donde podrian encontrar un barco español que los lleve e casa. Este recorrido llevo siete años. Tiempo suficiente para convertirse en chaman, desposar a la hija e un cacique, buscar Sibla, la mitica ciudad del oro perdida, y ganarse la amistad de los pueblos antivos de america. El andar por america los despojo de sus armaduras, sus ropas, sus armar y su calzado. Asi como sus prejuicios frente a los "indios herejes" y todas sus costumbres. Tan despojados llegaron a ls puertos españoles del caribe, que sus compatriotas dudaron de la naconalidad que decian tener.

De todo el relato, que sin duda no tiene desperdicio ningun capitulo, pero a nuestro gusto, una de las anecdotas mas interesante es la siguiente: Las criadas de la casa se sorprendian al notar que don alvar, dormia en el suelo y se paseaba descalzo por la casa, ya que las botas no le entraban debido a los cayos que siete años de caminata le dejaron en los pies.  
Alvar despojado de sus botas, contemplando.

¿Cuan prfunda puede ser la marca que deje un viaje?¿Cuan indeleble puede ser a l largo del tiempo?¿Hay que ser precavido ante este fenomeno del viajero empedernid? Si a nosotros; no. Quizas es esta cualidad de Transformador, donde radica la exclusividad de lo que entendemos por "viajar". Seguro que si nos advertian acerca de todas aquellas cosas, que no vamos a tolerar cuando regresemos a nuestros hogares, viajariamos de todas formas. Quizas cabeza de Vaca se haya convertido sin querer en uno de los primeros Viajeros "blogueros" (con todo el respeto que se merece la palabra) alla por el siglo XVI, srprendieron a todo el mundo con lo hermoso y transformador que puede ser un viaje donde se parende y conoce. No para apropiarse vender, comprar y ordenar, como la corona y los mercaderes pretendian viajar en aquel momento... o como quizas se sigue pretendiendo ahora.

Compartimos el Link del Pdf de "Naufragios" 


miércoles, octubre 16, 2013

Las Minas de Potosi: Paisajes Tallados en la Roca



Una parada obligada en Potosí, son sus minas. Sin embargo nos es un lugar que podamos decir lindo. Pero si es revelador, no solo del pasado, sino del presente y la explotación actual. El Che y Galeano entre otros tantos viajerosescritores, le dedicaron tinta y bronca a la forma en que los mineros son tratados en las minas de Potosí. Hablamos con nuestros amigos de la cooperadora de turismo de Potosí, y ellos nos recomendaron a Elvis un conocedor de los túneles interminables de la mina, que conocía de cerca la mina y su vida porque su padre y su abuelo habían sido mineros.

Mejor suerte la nuestra imposible. El día que elegimos para recorrer la mina, era el día de los festejos del “Tius”, dios sincrético de los mitayos que protege y provee buena fortuna dentro de la mina a los trabajadores. Dicen que la palabra “Tius” deriva de una mala interpretación de la palabra “Dios”, que era común que los nativos escuchen decir a los sacerdotes. Durante esta ceremonia los mineros concurren a la mina y se juntan en distintos rincones de los túneles, donde prenden velas, fuman tabaco y brindan con cerveza, singani y agua ardiente. La coca, siempre presente, fue la diva de los pagos al Tius.

Luego de conseguir nuestra coca, tabaco y cerveza para los pagos al tius. Partimos al encuentro de la mina. Recordemos que esta mina lleva más de 400 años funcionando. El boom de la plata de este cerro, fue obra del Virrey Toledo, quien introdujo nuevas tecnologías y formas de organizar el trabajo: La mita. La mita de Toledo consistía en una adaptación de una institución incaica de tributo de mano de obra, a las necesidades ambiciosas y desmedidas de los españoles. Mediante La mita, cada pueblo incaico debía tributar un determinado número de hombres que puedan trabajar. Al principio eran los hombres más fuertes y jóvenes. Pero con el tiempo, comenzaron a aumentar las demandas y empezaron a trabajar niños y ancianos. La principal consecuencia, fue que cada pueblo (ayllu) se fue quedando paulatinamente sin hombres, viéndose obligadas las mujeres a abandonar tareas agrícolas que requerían gran esfuerzo. Los hombres volvían tarde para las cosechas o no volvían.

20 minutos de auto y llegamos a la boca de la mina. En los alrededores de la mina, se observa abandono. Allí conviven, un sinfín de casas precarias improvisadas con paneles de madera expuestas a la inclemencia del tiempo y los Impresionantes socavones excavados con pico, pala, sangre y sudor hace 400 años, que seguirán ahí firmes. Sumergiéndose en las entrañan de los “apus” para exprimir sus riquezas.



Agradeciendo lo bueno y ahuyentando lo malo: Coca, tabaco, alcohol y todo lo que sea entrega con amor y desde el corazón, la pacha lo recibe y lo devuelve multiplicado. Nada le quitarle, todo lo contrario: A la pacha lo que es de la pacha. Elvis comienza su recorrido contando como se trabajaba en la colonia para finalizar contando que hoy en día sigue siendo igual el trabajo, en las mismas condiciones que los mitayos de Toledo, con la diferencia que años de capitalismo, refinaron un aparato donde no hay un señor que explota mano de obra barata, sino que son los mismos mineros los que se someten a un régimen cuasi esclavizante de trabajo, en el que apuestan su vida diariamente, sin recibir un sueldo digno. Sin embargo al encontrarse con los mineros unos siente y nota el orgullo de ser “sus propios jefes”. También notamos el alcohol y la alegría de celebrar el día del “tius” honrándolo con coca, tabaco y singani. Y se escuchaba siempre alguna plegaria, una oración de agradecimiento.



La mina es oscura y fría. Nuestras botas chapotean en un líquido que de momentos es agua y de momentos no. Los túneles se angostan a cada paso y el techo se acerca al suelo. El minero andino promedio es ancho de hombres pero bajo de estatura. Si no hubiese tenido casco, habrían quedado unos cuantos pelos míos decorando los túneles. Íbamos en fila. La oscuridad es total, y si no fuera por nuestros pasos y el goteo del agua que se filtra por el techo, el silencio también seria absoluto. Por ser día de festejo era fácil, reconocer adelante los cantos y las carcajadas, reunidas en torno a algún farol y una botella, o solo una linterna y una lata de cerveza. En esos momentos en que nos cruzábamos con los mineros, podíamos compartir algún brindis y hojas de coca. Recibir Extranjeros en un momento de tanta alegría es una fiesta. Y más cuando advertían que éramos argentinos. Muchos contaban que desde niños trabajaban en las minas. La mayoría no tenía terminado el secundario. Nos contaban que la vida útil de un minero en aquellas condiciones, no es más de 20, 30 años. Y que es casi imposible, retirarse sin cicatrices. O lo que es peor, sin lamentar la pérdida de algún compañero.


Lo que es cierto y digno de sacarse el sombrero ( o el casco), es que estos hombres de temperamento y manos ásperas y toscas como las rocas que pican día a día, en la inhospitalidad del fondo de la mina, lograron hacernos sentir en casa, invitándonos sin dudar a sumarnos a la ronda y compartir su bebida y su alegría. Ahí frente a las velas la estatua con serpentinas del Tius, parecía sonreír y dentro de la cueva salía el sol.

Así transcurrió la tarde dentro de la mina. Luego de despedirnos de Elvis en el centro de la ciudad, llegamos al hotel, fritos y caímos presa del cansancio y la falta de oxígeno en nuestras cabezas. Así se hicieron las dos de la madrugada que, con hambre y desvelados nos encontró improvisando con nuestro calentador una cena en el baño de nuestro cuarto de hotel.

domingo, octubre 13, 2013

Potosi: Compadres, Serpentinas y Singani.



Eran las 4am, todo estaba oscuro, y por más valiente y desconfiado de los medios de comunicación que fuera, los mismos bolivianos nos advertían de la inseguridad de la zona. Llegar de madrugada a un lugar nuevo, a veces puede ser contraproducente. Las calles oscuras no nos dejaban ver posibles hospedajes y generalmente hay poca gente en la calle como para para pedir indicaciones y hacer buenas migas.

El micro económico al que nos subimos, no entraba en la terminal, freno a unas cuadras y apago el motor. Muchos en un ceremonial silencio bajaban sus bolsones de los buches del micro y se perdían en las penumbras de la madrugada potosina. Otros dormían tan profundamente en sus incomodos asientos que parecían no enterarse que habíamos llegado a destino. Potosí nos recibía de madrugada, desvelada, pero con los brazos abiertos.


Era aún muy temprano para salir a buscar hospedaje. Desarmamos nuestras bolsas de dormir en la terminal e improvisamos algo parecido a un campamento. Estábamos tan cansados y con tantas ganas de dormir en posición horizontal que el rincón más olvidado de la terminal de buses de Potosí se parecía mucho a una suite 5 estrellas (ponele). Mientras nos acomodábamos nos encontramos Con Gabi y Martin, Una pareja argentina que estaba haciendo el recorrido en sentido inverso. Viajaban desde Perú hacia el Sur. Estaban algo desesperados por un mate, cosa que no veían hacia tiempo por falta de yerba. Entre bolsas de dormir, mates y charlas vimos amanecer la terminal de Potosi.

De la terminal salimos y pisamos efectivamente suelo Potosino. La ciudad se extiende a las faldas una legendaria montaña llamada Sumaj Orcko (en quechua: 'Cerro Rico') que contenía la mina de plata más grande del mundo. Era tal la fama que tenia este cerro de plata que antes de la conquista, el inca Huayna Cápac había oído hablar a sus vasallos del Sumaj Orcko, el cerro hermoso, y decidio viajar y verlo con sus propios ojos. Según cuenta la historia llego enfermo a las termas de Tarapaya, donde se repuso y luego visito el cerro. Cuentan las leyendas que cuando Huayna Capac golpeó con su mazo la montaña una voz del interior rugió advirtiendo que no la toquen. A partir de ahí la bautizaron “Potojsi”, que significa trueno, rugido.

Cuando oyeron estas historias los españoles decidieron instalarse inmediatamente en esta parte del mundo. Para 1560, tan sólo veinticinco años después de su nacimiento, su población ya era de 50.000 habitantes, un quinto de la población de España. En 1573, Bajo el gobierno del virrey Francisco de Toledo , potosí se convirtió en la ciudad mas poblada del mundo: 120.000 almas. Este aumento de la población estuvo íntimamente relacionado con las técnicas mineras que Toledo implemento: La Mita y el uso del Mercurio aumentaron la producción minera y las ganancias así como las muertes y las enfermedades. A medida que crecía la ciudad, crecía el cementerio.

Salimos con nuestras mochilas, esquivamos los burgueses taxis y atacamos nuestro primer objetivo en la pequeña ciudad: el transporte público. El “bus” como le dicen, una pequeña camioneta Nissan modelo 92, que se ajustaba al tamaño de las calles, y sus desniveles. Nos preocupaba que no nos dejen subir al micro con nuestras grandes mochilas, pero nos encontramos que no éramos los únicos con bultos. Quizás por ser domingo, muchas cholas subían y bajaban con grandes fardos de mercadería.

Llama poderosamente la atención como en las ciudades que tienen sus raíces en la colonia española, conviven el típico ordenamiento español de las calles y cuadras y el crecimiento medio caótico y aglomerado de los últimos 10-15 años. Los españoles que vivían en la ciudad disfrutaban de un lujo increíble. A comienzos del siglo XVII Potosí ya contaba con treinta y seis iglesias espléndidamente ornamentadas, otras tantas casas de juego y catorce escuelas de baile. Había salones de bailes, teatros y tablados para las fiestas que lucían riquísimos tapices, cortinajes, blasones y obras de orfebrería. De los balcones de las casas colgaban damascos coloridos y lamas de oro y plata. Toda esa arquitectura sigue ahí, alguna más descuidada y escondida que otra pero a la vista del ojo atento. A los diez minutos estábamos en el centro de la ciudad: Una postal de la época colonial con sus casas de adobe y sus tejas que aun dejaban ver las faldas del negro que las había confeccionado, sus calles angostas sin veredas ni cloacas pero atravesadas de miles de cables de teléfono, televisión, luz, carteles luminosos y arrobas de algún locutorio postcolonial.


 Ahí caminábamos nosotros, con nuestras mochilas y nuestras sonrisas. Intentando descifrar y descubrir figuras ocultas en los dinteles de madera de las puertas o en los balcones sevillanos. Buscábamos sin embargo un lugar para hospedarnos y luego de entrar y salir de varios sucuchos con olor a pata (más de lo que estoy acostumbrado) nos encontramos con una mujer en la calle, Evelyn, una guía de turismo de la Cooperativa de Amigos de Bolivia que nos dijo que ella tenía un hospedaje que era barato y lindo. “Esto es una señal? Debe serlo” pensamos, así que ahí la seguimos a ella y su nenita (wuawua de ahora en más). Ustedes pensaran que puede ser algo peligroso seguir a una desconocida en la calle que nos ofrece alojamiento. Lo único que podemos alegar a nuestro favor, es que luego de pasar mucho tiempo viajando, uno logra reconocer la hospitalidad sincera en la persna que la ofrece. Sumado al hecho, que nunca aparentamos ser viajeros que valga la pena asaltar.


Dejamos nuestro equipaje, nos dimos una linda ducha tibia y cargamos la mochila pequeña, infaltable compañera de viaje, para salir a caminar. Era cerca del mediodía ya, y la mayoría de los lugares estaban cerrando para el almuerzo. Solo un punto del mapa seguía abierto a la una del mediodía. La torre Mirador de la Compañía de Jesús, anteriormente sede de la orden Jesuita, hoy en día el punto con la mejor vista del Cerro Potosí y su ciudad. Hermosa construcción de adobe, piedra caliza y roble, un estilo barroco típico y una calidad de construcción certificada por los sismos y los más de 500 años que tiene en pie. Su colorado tinte recuerda a las construcciones que los misioneros levantaron en las tupidas selvas de San Ignacio, allí en nuestra querida y lejana Misiones. Subimos al mirador no había nadie ni arriba, ni abajo en la calle. Era la una del mediodía de un jueves que es cuasi feriado: “Jueves de Compadre”, Segunda festividad previa a los carnavales. No nos cruzamos a nadie, tuvimos nuestro momento de intimidad con el cerro y la vista anacrónica de Potosí, que entrecerrando los ojos y desenfocando la mirada, no dista mucho del Potosi de Toledo y su sequito de saqueadores encomenderos.



Al iniciar nuestro descenso del mirador pasamos cerca de las oficinas de la secretaria de turismo, que estaban de festejo. Como la puerta estaba abierta decidimos entrar a saludar por el día del compadre. Entrar saludar y salir. Bien caraduras. Bien argentinos. Grande fue la sorpresa que les causamos a los empleados de la secretaria de turismo de Potosí cuando entramos a saludar. Fue más su alegría de recibirnos. Enseguida nos hicieron un lugar en la ronda de brindis que se había improvisado en aquella gubernamental oficina. En El día del compadre, las mujeres agasajan a los hombres, con comida, bebida y música. Así fue como singani va, singani viene (bebida típica de Bolivia) terminamos bailando cuecas y contando chistes. Por ser hombre recibí mi merecida gelatina en el pelo, mi papel picado, mis guirnaldas de colores y mis tragos de alcohol. Eran las dos de la tarde. Ya tenía una sonrisa esculpida en mi cara de piedra (por no decir dura). Además de un pequeño dolor de cabeza, típico de borracho, sin duda un sintoma común después de haber estado bailando durante una hora a mas de 4000 msnm.
Charlamos de todo un poco con nuestros compañeros de festejo. De la necesidad de estudios e inversión en educación pública. José uno de los empleados más jóvenes, estudiante de historia, hacía referencia al histórico momento en que Néstor Kirchner bajaba los cuadros de Videla. Nos decía “Acá a la gente le falta memoria”. En esta ocasión trabamos amistad con Don Felix, hombre de unos 60 años, enamorado de Potosi y orgulloso de que los jóvenes quieran conocer su ciudad.

Aprovechamos ese almuerzo de compadres y nuevas amistades, para interiorizarnos acerca de Potosí y sus alrededores. Cuando contábamos nuestro viaje nos gustaba hacer hincapié en el interés que teníamos de no ser tratados como “típicos turistas”. Relatamos algunas de las anécdotas que veníamos acumulando en nuestro recorrido. Así surgió un plan: Usarnos como conejitos de indias para poner a prueba un futuro circuito turístico. Esperaban nuestra opinión y sugerencias. Pero esa es otra historia.