Nosotros

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"...cabalgaras solo hacia la carcajada perfecta..."

martes, septiembre 17, 2013

Pedagogia del Camino: Sobre escribir con la mochila a cuestas.


- Allá Vamos mundo!-


- Buen día. Ida e Ida por favor…-

- Disculpe… ¿Dos boletos de ida?

- No, no. Uno de Ida... e Ida…




Son las 1930. Un jueves como todos. Quizás un miércoles. No recuerdo bien. En fin, un día común y corriente de trabajo. Una jornada larga de trabajo en Lima. Una esperanza: Los mates en la cama, cuando vuelva a casa. Me podían dar 100 azotes. Pero la sencilla y simple idea de estar en la cama, frente a la ventana, tomando mates calentitos y compartiendo una linda charla con Romi, era un bálsamo de agua caliente después de andar con las patas mojadas y frías una tarde lluviosa de invierno. Solo un argentino puede saber cuánto se añora el mate, con su espumita y su vapor (que sube lento como ningún otro) cuanto se espera a llegar a su rancho, y con su china compartir algún cariñito y unas palabras sobre la jornada que paso.

Y ahí durante ese momento mágico de yerba y yuyos pasan muchas cosas. Seguramente nos ahorramos muchas horas de terapia y psicólogo. Se evitan muchas discusiones encarnizadas cuando se comparte el ritual del mate. Durante unos minutos, y esto creo es lo más interesante, uno se siente más lúcido. Uno siente que entiende más el mundo que lo rodea. Y así, luego de media pava, empezamos a fantasear con una idea, que apareció como un comentario. Como algo chiquito, que se dice al pasar. Al tun-tum. Pero al rato volvimos a nombrarla. Y sí. Esa idea Estaba ahí en nuestras cabezas. En nuestros labios. Antes de que la pava tocase la hornalla. Estaba ahí aun antes de emprender esta aventura.

Y esa idea, que en un momento llego a la charla como un mate (que pasa rápido pero te deja pensando en silencio) hoy la tienes frente. Con mucho esfuerzo y gozo, logramos que puedas leernos, en este momento. No sé dónde estaremos conversando, o cuando estaremos conversando. Quizás estés esperando el bondi con tu tablet, o el baño, con la notebook. No importa. 

Lo cierto es que este blog pretende iniciar una búsqueda. Una aventura. Un viaje. Y como todo viaje en un momento tiene una partida y en otro tiene una vuelta. Y generalmente un viaje empieza con un pasaje. Uno de Avión, un tren, un micro. Pero este pasaje que nosotros compramos no era como todos. Con la ida no hubo problemas. Pero descubrimos tarde la letra chica de nuestro boleto de viaje, que tenía una pequeña advertencia para el inocente viajero: “este boleto de vuelta es intransferible y personal”. Es decir el boleto era para la persona que había comprado su pasaje en la terminal, antes de salir. Y nosotros presentíamos que estábamos en un pequeño problema: Ya no éramos las personas que habían emprendido aquella aventura. 

Y así empezamos esta historia adelantándoles antes que nada el final: no tiene fin. Como dice la frese “es un viaje de ida…”



Abuela Quebradeña. Luego de la morenada, hay que volver a casa.
Hansel, Gretel y Bolivar: Las miguitas no llevan a casa.

De chicos, un cuento clásico que nos acostumbramos a escuchar, es la historia, triste en parte y heroica otro tanto, de Hansel y Grettel. Los famosos hermanos que luego de un viaje al bosque cn su padre y tras ser engañados, se encuentran abandonados a merced de las bestias en la espesura de los bosques sajones. Gracias a la astucia de Gretel, pudieron encontrar el camino de vuelta a su casa, siguiendo las miguitas del pan que cuidadosa y sistemáticamente fue tirando por el camino. Mas allá del final feliz que tiene la historia, hay un hecho que en la moraleja se pasa por alto. Luego de enfrentarse con la bruja mas escaldufa de todas, estar a punto de ser cocinados al horno, de alimentar a su hermano como un pavo para navidad ¿Estarían realmente tan preocupados por el camino de vuelta a casa? ¿A caso no habían probado valor suficiente tendiéndole una treta a su captora, como para n encontrar el camino a casa? Claramente la tímida y dulce niñita que tiro esas miguitas mientras su padre la arrastraba de la mano, no era la misma que aquellas que volvía de la casa de los dulces caminando en silencio, mientras escuchaba en su cabeza los gritos de la bruja cocinándose en el horno. Gracias a dios nuestros padres no nos hicieron pensar en eso, antes de dormir. Pero hoy estas preguntas nos desvelan.

No podemos dejar de preguntarnos ¿puede una persona que nunca fue a un lugar estar volviendo? Si cuando una persona viaja se trasforma, crece, madura, cambia ¿Es la misma esa persona que emprendió una búsqueda, que aquella que dice haberla concluido? Nuestra humilde opinión es que no. Uno no es el mismo, en infinitos e incontables sentidos. Pero no solo, no es el mismo aquel que pretende volver de un viaje de 20000 leguas o de 80 días en globo, no es el mismo aquel que vuelve de un viaje a la facultad para rendir un examen, o de aquella mujer que viaja al altar a entregar su mano y su corazón. No es la misma la mujer que vuelve del hospital luego de dar a luz. El viaje, entonces, es una manera de transformar a las personas. Creemos que de todas las circunstancias de la vida que nos transforman, Viajar Quizás sea la más accesible y extendida a lo largo de la historia y del espacio. Hace tiempo que se viaja para aprender. En señoríos de américa central, las elites gobernantes mandaban a sus hijos en largas travesías a encontrarse con personajes sabios que Vivían en remotos lugares, y que luego de atravesar a pie interminables precipicios, enfrentarse con bestias, pasar hambre, frió, penurias y peligros. Ver cara a cara a la muerte, perder a compañeros de travesía. Luego de todo eso llegaban a la casa del sabio, que luego de algún que otro ritual de iniciación, nombraba como hombres de conocimiento a estos enviados. El secreto de todo este ritual no era ni más ni menos que el viaje. La búsqueda del hombre de sabiduría era la que instruía, más aun que las palabras del sabio. Aclaraba las ideas. 


Sin ir más lejos, aquí mismo en esta ruta que transitamos nosotros, nos encontramos con las huellas de un hombre que también fue transformado por las vueltas del camino. Simón Bolívar, el célebre héroe y libertador de américa, aún era un pequeño pillo que andaba por ahí inconforme con el mundo en el que vivía, se reencuentra con su tutor, Simón Rodríguez. En aquel momento no existían escuelas, por lo tanto, el principal acceso a la educación era la figura del tutor. Una especie de maestro particular. Rodriguez no solo era particular, en el sentido de “profesor privado” sino que era particular en el sentido de “bicho raro”. Rodriguez tenía sus métodos poco ortodoxos de “transmitir” conocimiento. En ese encuentro con Bolívar, supongamos casual, le propone, a modo de finalizar sus estudios, un viaje. Le ofrece partir cuanto antes juntos, por los lugares más emblemáticos de Europa. 

El 15 de agosto de 1805, Bolívar emprende un famoso paseos en compañía de Simón Rodríguez: la caminata por el Monte Sacro de Roma. Rodríguez y Bolívar se sentaron a descansar. Sus miradas recorrían el amplio paisaje que se ofrecía ante sus ojos. Admirando aquel panorama, a Bolívar le vino el recuerdo del campo y el paisaje venezolanos, recordó a su país ansioso de libertad, y seguramente pensó en esas miguitas de pan que los conducirían a casa. Ese día cambió el curso de la historia, cambió el destino de un continente. 

Podríamos discurrir y charlar largo y tendido sobre las cuestiones filosóficas en torno a que es lo que nos hace individuos o personas. ¿Qué es lo que cambia y lo que se transforma en ese irritante río de Heráclito? ¿Cuál es nuestra esencia? ¿Qué nos hace los que somos y nos permite reconocernos con el tiempo sin volvernos locos ni paranoicos? Seguramente haya respuestas más o menos acertadas a estos interrogantes. Pero este blog no intentara encontrarlas, no solo porque no estamos a la altura de semejante desafío, sino también, porque no queremos aburrirlos. 

Así fue entonces que luego de un Viaje, el simón Bolívar que partió de américa rumbo a España, no fue el mismo que aquel que liberaba América. Como tampoco, somos nosotros cuando escribimos estas líneas, los mismos que subieron las mochilas al ferrocarril General San Martin para iniciar un viaje sin boleto de vuelta. 

Solo queremos compartir una serie de anécdotas y experiencias de viajeros. Que con poco en los bolsillos salieron a poner a prueba una idea: Que nos podemos sentir en casa en cualquier lugar del planeta. Casi como esos jóvenes centroamericanos, salimos en un viaje de búsqueda. Y encontramos infinidad de cosas. Muchas, inesperadas. Otras inentendibles, incoherentes. Pero al final siempre podíamos entender la moraleja de las lecciones que cada camino que recorríamos tenía para nosotros.

Más allá de lo increíble o fantástico que más de algún relato pueda parecer. Estas líneas y páginas no pretenden ni la fama ni el dinero. A modo de bitácora de viajero, nos propusimos no olvidar ninguna de las lecciones que vivimos juntos. Pero también quisimos compartirlas con usted. Con vos, che. Que estás ahí leyendo, con algún ideal parecido al nuestro. Buscando una excusa, un argumento para salir a la ruta. Buscando valor. Esa es la razón de ser del siguiente libro: animar. Animar a armar la mochila con lo justo y necesario, dejar la comodidad de nuestras casas, la seguridad de nuestra zona de confort y aventurarnos más allá de esa zona que aterra y da pánico. Meternos de lleno en el busque de los duendes y descubrir sus secretos. De eso se trata caminar por este mundo y eso es lo que queremos contagiar.

Ojala que estas lineas sean como esas migas de pan que nos lleven a encontrarnos...o que sirvan de alimento a los pájaros y los hagan volar mas lejos.

Yendo a Misa. La escalinata todo un viaje... pero vale la pena

2 comentarios:

  1. Hola, que lindo post, me quedo con esta frase "Y nosotros presentíamos que estábamos en un pequeño problema: Ya no éramos las personas que habían emprendido aquella aventura. "!!

    Pasaba a agradecerte que hayas pasado por mi blog y establecer un contacto! Se consigue llevar en lima? habia visto alguna vez un mapa que mostraba en que lugares se tomaba mate, en el mundo, pero no recuerdo si en Perú se acostumbra.

    Abrazo grande viajero!

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    1. Lore! gracias por el comentario. En Lima armamos un bunker argentino, jeje. Tenes mates y cada tanto bizcochitos don satur y alfajores jorgito.

      Abrazo viajero por donde andes.

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