Creemos que hay cuarto grandes formas de conocer un lugar nuevo: Ir al mercado donde las personas consiguen su pan, viajar en transporte público mientras la gente va al trabajo y los niños a al escuela, trabajar en el lugar y enamorarse de alguien del lugar. De las cuatro las últimas dos sin duda, más difíciles. Pero en nuestro caso, no sabremos bien a que se debe, después de un almuerzo y unos cuantos chistes y cuecas, trabamos una muy fuerte amistad con la gente que trabajaba en la Secretaria de Turismo de Potosí. Así luego de una amena charla, nos invitaron a hacer un viaje por los alrededores de Potosí, por un circuito de calles de tierra que están probando para proponerlo como un futuro “Destino Turístico”. "Las huellas del Inca" seria el futuro atractivo. Con sus caseríos, sus caminos de cornisa, sus desconocidos sitios arqueológicos y sus inigualables paisajes. A pesar de tanto renegar del status de turista, Allí estábamos como conejillos de indias, a punto de ser catadores de un futuro destino para turistas de todo el mundo. Pero a no confundirnos con turistas: El turista conoce con la lonely planet debajo del brazo, nosotros estrechamos manos y entablamos amistades. No hay guía que te enseñe a sentirte en familia. Eso lo aprenden los viajeros, lo enseña el camino y la gente que sale al encuentro. Al dialogo. La sorpresa. Así fue que empezó nuestro último día en Potosí. 7 de la mañana, calentando agua para el mate, armando la mochila para la jornada larga. Revisando apuntes de arqueología de la zona y listos para viajar. Allí nos esperaban Feliz y Alejandra, la reina del Turismo de POtosi, que como parte de sus tareas de promocionar que la gente visite su ciudad, siempre se interesa en conocer más a fondo acerca de los atractivos de su lugar.

Paranturi. Primer caserío de la ruta. Casas de barro. Rejas de fundición oxidadas. Los vecinos hablaban quechua nomas. En este paraje se hace una fiesta popular de profundas raíces históricas conocida como la watia. En esta fiesta una "pampa" a orillas del rio se llena durante una semana, de hornos improvisados con barro y piedras. Decenas de personas se congregan para cocinar papa y carne de llama de. los dos recursos básicos en la dieta. Cundo la fiesta termina solo quedan las piedras y el barro, que a medida que pasan los días vuelve a fundirse con la tierra. Imposible de descubrir para el ojo inexperto que ese lugar fue el escenario de un gran festejo. ¿Que quedara para el arqueólogo distraído?
A lo largo del camino se encuentran recintos incaicos aprovechados por los pastores para cuidar sus ovejas. ¿Qué dirían los conservadores del patrimonio arqueológico frente a estas situaciones? Cada sitio arqueológico que aparecía, era una excusa para estirar las piernas y recorrer el lugar. Cada Sitio arqueológico, era un lugar único. Ninguno de ellos estudiado y prácticamente ni delimitado. En más de una ocasión reconocimos materiales como puntas de flechas o cerámicas. Sumado a las leyendas de cementerios con tumbas repletas de grandes ajuares y tesoros, el lugar genera una irresistible atracción. Félix daba su resumen de la historia del lugar, que de solo recorrerlo uno tiene la sensación de leer un libro de historia. Desde los Cazadores recolectores del área hasta los españoles ocuparon la zona.
Incahuasi. La camioneta continuaba abriéndose paso, a lo largo del angosto camino, prendido con uñas y dientes al faldeo de la montaña. Un cielo celeste diáfano, y un sol radiante. Allí seguían apareciendo humildes caseríos. En este caso, Inca huasi, “casa del sol” en quechua, no es difícil imaginarse porque se ganó ese nombre. Aquí el camino muestra vestigios de los primeros pobladores de la zona. Petroglifos que según los investigadores tienen entre 9 y 10 mil años ap. De ser así seguro una de las ocupaciones más antiguas de Bolivia.

Cruzamos unos puentes colgantes que van a uno y a otro lado del rio y retomamos la marcha nuevamente en la Suzuki de la secretaria de turismo. La última parada obligada era para brindar con una paceña y degustar una rica hamburguesa de pollo en la calle, mientras el vapor de las termas subía a lo alto del cielo y el sol se perdía en el fondo del valle. Una vez pisando el asfalto nuevamente, en medio del silencio que precede a la larga jornada, no podíamos dejar de pensar en lo agradecidos que estábamos a Felix y a su gente de la secretaria de Turismo, por darnos esa oportunidad de conocer tanto. El viento nos susurra cosas al oído. Quizás era la vos del inca que nos pedía que volvamos. Y si el Inca lo pide, habrá que volver.
que linda experiencia chicos, que bueno todo lo que pudieron conocer, y las fotos imperdibles, yo viajo con ustedes!!
ResponderEliminar